miércoles, 20 de febrero de 2013

HONRAR LA VIDA


“Abrir este libro es lo mismo
            Que abrir un cofre viejo,
            Que guardara reliquias del pasado
            Como un breve sepulcro del recuerdo
            Donde las ilusiones juveniles,
            Para siempre quedaron allí dentro,
            En medio de unas cartas que aun conservan,
            Suave perfume de felices tiempos,
            Perfume de jazmines y de rosas,
            Perfume de esperanzas y de ensueños.
            Como un cofre de sándalo,
            Es este libro de versos,
            Que perdió con los años la belleza,
            De la forma y el metro,
            Pero como el sándalo sagrado,
            Guarda un perfume evocador y fresco,
            Perfume de juventud que nunca muere,
            Aunque el cofre sea viejo…”
                                  
Ovidio Fernández Ríos

           

Wilde Marotta de niño.
Este poema del uruguayo O. Fernández Ríos lo encontré cuidadosamente guardado entre sus papeles, en su Taller de desorden ordenado. Fue allí, recién allí, luego de su fallecimiento, que supe que a mi padre también le gustaba la poesía de Fernández Ríos, que hacía algunos años la había descubierto yo por otro lado.

EL DÍA QUE ME QUIERAS


EL DIA QUE ME QUIERAS

“Sabemos que está ahí, que anda viviendo y sobreviviendo por el mundo, desplegando su fuerza y fortaleza. Lo vemos sin mirarlo, lo escuchamos sin oírlo y lo dejamos a un costado otras veces. El mundo infantil da paso al adolescente y éste al joven, con consignas y rebeldías que se perciben. Nos invade una cultura que lo rechaza y nos hacemos amigos de lo extraño, al cual solemos valorar más, quizás simplemente sea por el peso de la costumbre.
Mercedes, Soriano. Óleo de W. Marotta
            Los afectos escondidos dejan sitio a vivencias diferentes y las vivimos con el empuje de años jóvenes, sabiendo que tenemos la fuerza o la eternidad, que podemos por nosotros mismos y que no necesitamos ningún consejo. Somos dueños de nuestra verdad, que decimos es la verdad, el pensamiento de nuevos tiempos.
            Pero el tango espera. Con la fuerza del bandoneón y una voz ronca gimiendo tristeza, paciente. Sobrevive a los años jóvenes y vive pleno luego cuando se lo descubre y se lo entiende, en el mensaje que evoca e inspira sentimientos y que identifica.
            Hasta los artistas de los sonidos extraños se vuelcan luego a cantarlo. A su modo, con variaciones o especiales arreglos, pero de fondo buscando la manera de ser del tango.
            Tierras platenses con espíritu de tango. De nostalgia y canto desde la pobreza o del amor herido igual. La paciencia de un vencedor pareciera tener el tango. Deja libre el gusto de mezclarse entre otros pentagramas de diferentes colores y sabores, pero sabe que al final vencerá.
            Por eso pareciera tener paso seguro, lento, con identidad propia, tan seguro que al final también pasará a ser parte de uno. Ese pedacito de tango comenzará a entrar de a poco cada vez que alguien cumpla un año más. Sin querer desplazar a nadie ni a nada, sólo queriendo ser compartido.
            Pasa después que uno, con vivencias de veinte o treinta y pico, va viendo como el mundo ha estado dando tantas vueltas y evolucionando. Como también la propia vida, que de a poco se va codeando con algún mensaje de cualquier tango. La realidad se mete a paso lento y con el tiempo, para que quede prendido, como lo perdurable.
            Pensábamos que el tango era de los viejos. Los viejos se iban muriendo pero otros viejos aparecían… siempre seguíamos escuchando tangos. La canción arrabalera siempre tenía viejos para cantarla y otros algunos para bailarla. ¿De dónde salen los viejos?
            Como el viejo de cada uno, o de algunos cuantos, parece. Uno sabe que está ahí igual que el tango. Porque escuchó tango del viejo o porque el viejo era el tango.
            Los viejos escuchan bandoneón y no solíamos entender el tango. Hasta lo hemos despreciado con cierta burla irónica. Se va creciendo y escuchando persistente entonces las notas dos por cuatro.
            Un buen día, sin darse cuenta porqué, terminamos cantando un tango, que se nos ha hecho de un lugarcito, que luego va a ir creciendo de a poco y prendiéndose. Nos da a conocer su sabor y nos va enseñando que nuestra vida ha pasado por las letras de cualquier tango.
            Ha pedido permiso porque habla por todos.
            Más tarde moldeará identidades, identificará y nacerá sin darnos cuenta el orgullo de tener espíritu de tango.
            Despacio, lento y seguro de sí mismo, el tango sabe que siempre tendrá viejos. A pesar de la loca y joven risa irónica.
            El tango habla por los viejos, es el espíritu de un viejo y la voz y manera de ser aprendida de nuestros viejos. Es el tango como el viejo que también comenzamos a ver con otros ojos algún día. El Tango y El Viejo parecieran ser lo mismo. El viejo sabe que lo sabremos algún día, porque tiene la paciencia y la sabiduría del tango.
… “quizás un poco antes…o después…pero lo sabrás –dice el viejo- el tango te espera a los 40…”

Federico Marotta
Publicado en el Semanario Entrega 2000, dic. 08 y en libro “Gente Noble” de F.M

CALLES RODÓ Y RIVERA


CALLES RODO Y RIVERA
La casa de la colina, camino Luis Tuya. Óleo de W.Marotta
            Las imágenes que van quedando de niño son pocas. Incluso no del todo claras según pasa el tiempo. El hogar de mis primeros años de vida estaba en calles Rodó y Rivera, en el Barrio Oeste, como hasta los 5 o 6 años. Lo que puedo recordar es que algunas veces nos acercábamos con mi hermano hasta calle 19 de Abril a esperar el viejo ómnibus de los papeleros. En él regresaba El Viejo de trabajar en la Fábrica Pamer. Incluso en la memoria quedan grabadas algunas frases de sus compañeros de trabajo: “hoy se quedó, no vino”, y así volvíamos a casa sin él.
            

PAMER, BARRIO Y TRABAJO


BARRIO PAMER
            Durante unos diez años nuestro hogar se trasladó al Barrio Pamer, en una de las casas propiedad de la Fábrica papelera, bien junto a ella. El Viejo se levantaba poco más de las 6 de la mañana y se metía de lleno en la fábrica. Volvía a casa sobre el mediodía para el almuerzo y regresaba al trabajo. Algo más allá de las 3 de la tarde partía en su verde Nash K 90.939 rumbo a Mercedes para seguir trabajando, esta vez como funcionario municipal, en la Intendencia de Soriano. Regresaba a casa a la noche, pasándonos a buscar a nosotros y nuestra madre para volver a casa. Otras veces se quedaba un rato en el Hogar Español, para darle al taco de billar, que le encantaba.
            Su ritmo de vida estuvo marcado por el trabajo. Estaba en lo que le gustaba, es verdad. Su trabajo era más de intelecto que físico. De cualquier modo, eran muchas horas a diario. No recuerdo escucharle una queja.
            Tal vez esos largos años de doble trabajo le pasarían factura. Encima, por épocas, le llegaban otros trabajos particulares, siempre relacionados con su rubro. Diplomas, dibujos, retratos, caricaturas, óleos y hasta familiares reclamando su destreza, como así mismo nosotros, sus hijos, pidiendo algún consejo.


            Cuando los años vienen llegando uno se va dando cuenta del esfuerzo de nuestros viejos. Horas más horas trabajando. Esa valoración llega después y resulta emocionante comprenderlo. Esfuerzo para mantener su grande familia, para absorber el peso económico del hogar y permitir que su esposa dedicase su tiempo a la casa y a los críos que van creciendo. En la práctica nos dejó demostrado el ejemplo, uno más que hoy por hoy nos cuesta mismo a nosotros llevarlo adelante de igual modo.

BARRIO PAMER


BARRIO PAMER
            Nos gustaba jugar a la pelota. Teníamos lugares de sobra para hacerlo. Incluso un amplio predio de nuestra casa era un potencial campito de fútbol. Alguna que otra vez El Viejo se metía con nosotros y superando sus problemas en una pierna se entreveraba para hacernos más felices. Él lo sabía.
            En esa casa amplia había lugar para la abuela, su suegra, que se encargaba de plantar verduras y exquisitas frutillas, cuidar de árboles frutales como durazneros, un ciruelo, higuera, níspero y criar pollos y gallinas, entreverados nosotros entre dos perros, el salchicha y el galgo. Y más lugar para recibir a familiares y compartir asados a la sombra de los árboles.

EL GARAJE


EL GARAJE
Wilde Marotta
            En el garage de la casa del Barrio Pamer guardaba su Nash. Pero a los costados y al fondo se las había ingeniado para armar estanterías y comenzar así a coleccionar revistas, papeles, documentos, fotos, materiales. Podía pasar largas horas allí, en su mundo, abstraído de todo cuanto le rodease.