miércoles, 20 de febrero de 2013

PAMER, BARRIO Y TRABAJO


BARRIO PAMER
            Durante unos diez años nuestro hogar se trasladó al Barrio Pamer, en una de las casas propiedad de la Fábrica papelera, bien junto a ella. El Viejo se levantaba poco más de las 6 de la mañana y se metía de lleno en la fábrica. Volvía a casa sobre el mediodía para el almuerzo y regresaba al trabajo. Algo más allá de las 3 de la tarde partía en su verde Nash K 90.939 rumbo a Mercedes para seguir trabajando, esta vez como funcionario municipal, en la Intendencia de Soriano. Regresaba a casa a la noche, pasándonos a buscar a nosotros y nuestra madre para volver a casa. Otras veces se quedaba un rato en el Hogar Español, para darle al taco de billar, que le encantaba.
            Su ritmo de vida estuvo marcado por el trabajo. Estaba en lo que le gustaba, es verdad. Su trabajo era más de intelecto que físico. De cualquier modo, eran muchas horas a diario. No recuerdo escucharle una queja.
            Tal vez esos largos años de doble trabajo le pasarían factura. Encima, por épocas, le llegaban otros trabajos particulares, siempre relacionados con su rubro. Diplomas, dibujos, retratos, caricaturas, óleos y hasta familiares reclamando su destreza, como así mismo nosotros, sus hijos, pidiendo algún consejo.


            Cuando los años vienen llegando uno se va dando cuenta del esfuerzo de nuestros viejos. Horas más horas trabajando. Esa valoración llega después y resulta emocionante comprenderlo. Esfuerzo para mantener su grande familia, para absorber el peso económico del hogar y permitir que su esposa dedicase su tiempo a la casa y a los críos que van creciendo. En la práctica nos dejó demostrado el ejemplo, uno más que hoy por hoy nos cuesta mismo a nosotros llevarlo adelante de igual modo.

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