miércoles, 20 de febrero de 2013

EL DÍA QUE ME QUIERAS


EL DIA QUE ME QUIERAS

“Sabemos que está ahí, que anda viviendo y sobreviviendo por el mundo, desplegando su fuerza y fortaleza. Lo vemos sin mirarlo, lo escuchamos sin oírlo y lo dejamos a un costado otras veces. El mundo infantil da paso al adolescente y éste al joven, con consignas y rebeldías que se perciben. Nos invade una cultura que lo rechaza y nos hacemos amigos de lo extraño, al cual solemos valorar más, quizás simplemente sea por el peso de la costumbre.
Mercedes, Soriano. Óleo de W. Marotta
            Los afectos escondidos dejan sitio a vivencias diferentes y las vivimos con el empuje de años jóvenes, sabiendo que tenemos la fuerza o la eternidad, que podemos por nosotros mismos y que no necesitamos ningún consejo. Somos dueños de nuestra verdad, que decimos es la verdad, el pensamiento de nuevos tiempos.
            Pero el tango espera. Con la fuerza del bandoneón y una voz ronca gimiendo tristeza, paciente. Sobrevive a los años jóvenes y vive pleno luego cuando se lo descubre y se lo entiende, en el mensaje que evoca e inspira sentimientos y que identifica.
            Hasta los artistas de los sonidos extraños se vuelcan luego a cantarlo. A su modo, con variaciones o especiales arreglos, pero de fondo buscando la manera de ser del tango.
            Tierras platenses con espíritu de tango. De nostalgia y canto desde la pobreza o del amor herido igual. La paciencia de un vencedor pareciera tener el tango. Deja libre el gusto de mezclarse entre otros pentagramas de diferentes colores y sabores, pero sabe que al final vencerá.
            Por eso pareciera tener paso seguro, lento, con identidad propia, tan seguro que al final también pasará a ser parte de uno. Ese pedacito de tango comenzará a entrar de a poco cada vez que alguien cumpla un año más. Sin querer desplazar a nadie ni a nada, sólo queriendo ser compartido.
            Pasa después que uno, con vivencias de veinte o treinta y pico, va viendo como el mundo ha estado dando tantas vueltas y evolucionando. Como también la propia vida, que de a poco se va codeando con algún mensaje de cualquier tango. La realidad se mete a paso lento y con el tiempo, para que quede prendido, como lo perdurable.
            Pensábamos que el tango era de los viejos. Los viejos se iban muriendo pero otros viejos aparecían… siempre seguíamos escuchando tangos. La canción arrabalera siempre tenía viejos para cantarla y otros algunos para bailarla. ¿De dónde salen los viejos?
            Como el viejo de cada uno, o de algunos cuantos, parece. Uno sabe que está ahí igual que el tango. Porque escuchó tango del viejo o porque el viejo era el tango.
            Los viejos escuchan bandoneón y no solíamos entender el tango. Hasta lo hemos despreciado con cierta burla irónica. Se va creciendo y escuchando persistente entonces las notas dos por cuatro.
            Un buen día, sin darse cuenta porqué, terminamos cantando un tango, que se nos ha hecho de un lugarcito, que luego va a ir creciendo de a poco y prendiéndose. Nos da a conocer su sabor y nos va enseñando que nuestra vida ha pasado por las letras de cualquier tango.
            Ha pedido permiso porque habla por todos.
            Más tarde moldeará identidades, identificará y nacerá sin darnos cuenta el orgullo de tener espíritu de tango.
            Despacio, lento y seguro de sí mismo, el tango sabe que siempre tendrá viejos. A pesar de la loca y joven risa irónica.
            El tango habla por los viejos, es el espíritu de un viejo y la voz y manera de ser aprendida de nuestros viejos. Es el tango como el viejo que también comenzamos a ver con otros ojos algún día. El Tango y El Viejo parecieran ser lo mismo. El viejo sabe que lo sabremos algún día, porque tiene la paciencia y la sabiduría del tango.
… “quizás un poco antes…o después…pero lo sabrás –dice el viejo- el tango te espera a los 40…”

Federico Marotta
Publicado en el Semanario Entrega 2000, dic. 08 y en libro “Gente Noble” de F.M

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